
- Mira qué hermosa naranja te traigo. La escogí para ti- dijo el papá.
La mamá tomó la naranja en sus manos y se la llevó a su pequeña y le dijo:
- Tu papá la escogió para mi y yo te la doy para que la lleves a la merienda en la escuela.
Cuando la niña llegó a la escuela, ella tenía una amiguita con la que siempre compartía la merienda. La niña le dijo:
- ¡ Gracias!, pero mejor se la damos a la maestra, es que ella se esfuerza tanto por enseñarnos, ¿no crees?
- Está bien, dijo la otra niña.
Cuando fueron a dársela a la maestra ella dijo:
- ¡ Gracias mis niñas! ¡Ah ya se! Se la voy a dar a mi hermana que tiene un bebé, espero que no se pongan bravas.
Dicen las niñas:
- No, no para nada. Además ya queríamos conocer a su sobrinito.
La maestra llamó a su hermana para que viniera. Al bebé le preparon un sabroso jugo de naranja y le gustó mucho.
Este pequeño diálogo lo escribí en mi escuela en la clase de Lengua española, ante el asombro de mis compañeros y la misma maestra que me felicitó por lo que hice.